· Texto: | Fotos: Gentileza José Luis Barreña

 

No estamos en el circuito de Mónaco, pero las calles de Jáuregui también están cerradas al tránsito por la carrera. Medios locales, aficionados y curiosos de otros pueblos cercan los alrededores. En el centro de la escena, unos 200 conductores sin registro ni edad para tenerlo. Pero con auto propio.

Es que en este Gran Premio, las ganas lo pueden todo. Bienvenidos a la "Carrera de autitos a piolín”. Un juego de chicos, sí. Pero mucho más que eso.

"Es una actividad muy nuestra, propia de acá. Algo con lo que jugaban los niños de hace muchos años. Niños que ahora andan por los 60 o los 70". Quien cuenta la historia es Gustavo Crinigan, miembro del Grupo de Scouts San Luis Gonzaga, que organiza la jornada cada año desde 1978 (antes lo hacían los Jóvenes de Acción Católica). Hoy el pasatiempo es tradición.

Para participar, chicos de entre 5 y 14 años deben presentar un auto de fabricación casera (que no exceda los 50 centímetros de largo y los 30 de ancho) y disponer de un mecánico personal (padre, madre, abuelo), que los pueda asistir y acompañar durante la carrera. La inscripción es gratuita.

 

 

El tramo a cubrir varía por categoría. “Los más chiquitos abarcan 180 metros y los más grandes, 800. Todos hacen dos etapas: una a la mañana y otra a la tarde. Siempre con modalidad de rally, donde los corredores salen de a uno cada 15 segundos”, explica Gustavo.

Cada participante tiene su propio sponsor aleatorio: instituciones, profesionales, negocios de la zona. Puede verse a un chico ir y venir con su auto, luciendo su número de corredor y debajo “Librería Babilonia” o “Bazar La Muñeca”. Son esos locales los que aportan los premios a repartir.

“Se toman los tiempos y se da el orden de llegada. Pero todos los chicos suben al podio y se llevan algo -nos agregan-. Por eso esa ‘publicidad’ es una manera de agradecerle, a quienes aportan, el favor que nos hacen. ¿Qué se regala? Desde juguetes o prendas de vestir hasta un corte de pelo gratis. Hay gente que hoy en Facebook nos comenta: ‘Yo corrí en la del setenta y pico y me gané una caja de herramientas que todavía tengo. O un reloj...’”.

 

 

Entre los modelos que se presentan, uno puede encontrar de todo: autos vestidos en los colores de un equipo de fútbol, imitaciones de verdaderos coches de carrera, muñecos a bordo. Entre los motivos más creativos -y aquí sí se pueden exceder las medidas de “competencia”-, se elige a otro ganador. Para la originalidad también hay premio.

"Es una mezcla. Un juego, una carrera. Pero siempre en familia, buscando que los chicos tengan una actividad recreativa y se diviertan”, completa Gustavo.

Porque, todavía hoy, a veces un tramo de cuerda puede más que un control remoto.

 

 

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